jueves, 5 de abril de 2018

Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018 – LA NOVIA SECRETA DE GABO EN PARÍS


                                                            Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018


LA NOVIA SECRETA DE GABO EN PARÍS
Por: Natalia Orozco




María Concepción Quintana, Tachia, para la historia

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Cuando Gabriel García Márquez caminaba sin un duro por el París de los 50, terminó siendo rescatado por una mujer con alma libertaria. Natalia Orozco habló con ella, al saberse la muerte del Nobel.

“Me queda la felicidad de haber tenido un presentimiento y haber viajado a verlo a Cartagena el año pasado, 24 horas con él, ¡estaba más guapo que nunca!”, dice Tachia y al otro lado de la línea, reivindica que la muerte de quien fuera en los años 50 su enamorado en París, “es sólo la culminación, más no el fin de una vida maravillosa”. A Tachia la conocí en la capital francesa en el 2010. Para entonces María Concepción Quintana, como es su verdadero nombre, tenía 80 años, una elegante belleza y la memoria fresca que aún conserva. Pensaba hacerle una entrevista para televisión sobre su relación con el escritor pero tan sólo 10 minutos de intercambio fueron suficientes para darme cuenta que esta talentosa mujer era más que “la novia parisina de Gabo” en sus años de indocumentado. Por su carisma, calidez y sofisticación de pensamiento, entendí por qué el Nobel se enamoró de ella.

Sin embargo, en su apartamento ubicado en la Rue de Bac y en medio de obras de arte originales de sus grandes amigos y pintores, habló generosamente de ese año de amor sincero y de penurias con el entonces “corresponsal del diario El Espectador”. “Un año de amor, pero una amistad eterna”, dijo.

Comienza entonces a recordar: “era marzo de 1956”. Gabo, caminando sin rumbo y sin plata en los bolsillos cruzó por el azar a Tachia, “tenía 27 años y fue en una de las calles cercanas al Museo del Louvre”. La joven vasca proveniente de una familia burguesa y un papá franquista, había llegado a París en 1953, huyendo voluntariamente de un romance intenso y amargo, con el gran poeta español Blas de Otero. Era actriz de profesión y se dirigía a un recital de poesía: “Gabo me dijo sin dudarlo que no le gustaba mucho la poesía”.  Sin embargo, decidió acompañarla y muy pronto la relación adquirió un nivel de intimidad y cercanía.

“Gabo era delgado y tímido, al principio me pareció algo petulante. Pero muy rápido me di cuenta de que era un hombre dulce y muy romántico. Me regalaba la puesta de sol y me decía cosas fascinantes”, contó entonces Tachia con una picardía casi adolescente en su mirada.

García Márquez repetía permanentemente que todo el mundo tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Pensé entonces que quizás Tachia hizo por años parte de esta última, que por lo general es la más apasionada, la más interesante, la más intensa de la existencia y en especial de un escritor y un artista.

Tachia no esconde que su cercanía con Gabo tuvo lugar en uno de los momentos de más dificultades económicas de su vida. El Espectador cerró repentinamente y dejó de enviar el cheque al corresponsal. “Para subsistir, Gabo tuvo que vender el tiquete de regreso a Colombia”.

Fue así como Tachia compartió con un hombre “que no abandonaba la escritura”, pero que también recogió botellas y periódicos para negociarlos con los buhoneros. “Que cantó en los buses en París Honda herida y La casa en el aire, canciones que eran escuchadas por sorprendidos pasajeros, que poco entendían las letras, pero que quedaban encantados por el acento y el folclorismo de la escena”.

“Poco a poco Gabo se me fue instalando en una piecita de 14 metros donde vivía. Estaba ubicada en la Rue D´Assas, en la antigua cocina de un hotel particular. A pesar de la escasez, aumentaban el amor y las hojas escritas”.

Gerald Martin, biógrafo de García Márquez, escribe en su libro Una vida un sugestivo capítulo titulado “Hambre en París: La Boheme”. Allí, Martin establece un paralelo con la historia de Gabo y su novia española y revela un detalle desconocido dentro de su vida en la ciudad luz (año 56). Fueron entonces los días en que Gabo abandonó la escritura de ‘La mala hora’ y acosado, el también, por las penurias del hambre, escribió febrilmente su novela, ‘El coronel no tiene quien le escriba’.

Por esos días, dice Martin en su libro, Tachia “era dueña de una mente libertaria y una personalidad arrasadora”. “La vasca temeraria”, la bautizaría el futuro Nobel, que retrató sus rasgos y su carácter en aquella Amaranta Ursula de Macondo.

Ramón Chao, escritor exdirector de Radio Francia Internacional y gran amigo de Gabo, recuerda que Tachia “era una especie de marquesa du Deffant del siglo XX”. En Le Monde Diplomatique narró cómo Tachia “reunía en su casa de París a lo más granado de las artes de aquélla época: Theodorakis, Evtushenko, Álvaro Mutis, Paco Ibáñez, Antonio Saura, Jesús Soto, etc.” Cuenta que “estos eran ya famosos. Y entre ellos, figuraba un joven colombiano desconocido: Gabriel García Márquez. Hombre que no tenía en su haber más que un cuento, La hojarasca”.

La intensa relación terminó en 1956, después de circunstancias íntimas que Tachia prefiere no volver a mencionar. Un tren, una despedida de prisa y una amistad para siempre. Tachia se casó años después con Charles Rosoff, un ingeniero de petróleos, con quien vivó cuarenta felices años. Por décadas mantuvo la amistad con Gabo e incluso con su esposa Mercedes.

Y veintidós años después de sus amores frustrados, Tachia Rosoff recibió un regalo: una carta de puño y letra de Gabo, regalándole su “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”.

“Tachia bella: Cuando nos conocimos en el helado otoño de 1955, en París, lo primero que se me ocurrió, al ver tu abrigo de tigre y al oír tu voz, fue que quería escribir un texto para oírtelo a ti. Esa misma noche me acordé que ya lo tenía: es el “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”. Por eso me alegra de que tú lo digas por ahí, por el mundo, porque todo fue como una premonición. Te mando, pues, un beso de bendición con todo el amor”. Gabriel

Tres años atrás debutó en el Teatro Heredia de Cartagena en Colombia. Con su excepcional voz, Tachia Rosoff, quien hace recitales por el mundo con el famoso Paco Ibáñez, decidió en esta ocasión resucitar uno de los textos más conmovedores del Nobel.

El jueves, minutos después de que el mundo se enterara de la muerte del Nobel, la llamé y le pregunté:
­-Tachia ¿volverás con el recital de Gabo al país?
- ¡Claro! –me dice llena de motivación –quiero llevarlo no sólo a Bogotá. Quiero ir a los pueblos y las grandes ciudades de Colombia. Pero tenemos que hacerlo cuanto antes, hoy se fue Gabriel, yo tengo 85 años, mañana puedo partir yo.


[Este artículo fue publicado originalmente por Las 2 Orillas]



Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018


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Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018 – OTROS TIEMPOS Y OTRAS ARMAS


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OTROS TIEMPOS Y OTRAS ARMAS

POR FRANCISCO DE A. SALIVE




Francisco de A. Salive
Periódico La Barricada de Girardot



Es para conjeturar, esto de que nos salga hoy el Dr. Concha renunciando la jefatura de la Concentración Conservadora, cuando ayer no más, si no nos es infiel la memoria, amenazaba al Dr. Restrepo con la soltada de sus fieras encadenadas y con el desborde de sus Daguas.

         ¿Acaso con su grito despertó el carnívoro instinto de aquéllas y le ha sido imposible contenerlas luego hasta el punto de tener hoy que alejarse de ellas para no servirles de pasto; o dado el grito y preparado el circo, le resultan las fieras sin dientes, sin garras y sin coraje?

         Nosotros estamos por lo último. Es que eso de amenazar con la guerra, proclamarla y decretarla en convenciones conservadoras, para animar al liberalismo a empuñar el mohoso fusil y salir mal armado y peor municionado a saltar chamizales y a servir de blanco  a la puntería conservadora, puede ser muy productivo y divertido en otros tiempos: ¡hoy estos han cambiado, porque aunque tarde, la experiencia enseña!

         Aquellas épocas en que el militarismo imperaba en Colombia, pasaron para no volver; hoy a los Sargentones de machete pando, los matará en los oscuros rincones de sus cuadras la nostalgia de la sangre. ¡Estamos convencidos de que el liberalismo es ciencia, es idea que germina y fructifica al calor de la razón; no exprimida por la mano de la fuerza!

         Apurado hasta las heces, en la guerra pasada el cáliz del dolor, del sufrimiento y de las más amargas decepciones, sobre los despojos de hermosas esperanzas hechas trizas, la nueva generación liberal, apartó sus ojos del camino seguido por sus mayores, y con mirada inteligente vislumbró un campo más propicio donde continuar la lucha: el de la Paz! Amplio campo es este donde más libremente puede replegarse el liberalismo y lucir la majestad de su poder y su grandeza, suelta al viento su bandera; y donde su enemigo no puede llevar armas de igual alcance al de las suyas.

         Queden los fusiles que ayer apagaron ignominiosamente en los patíbulos conservadores preciosas vidas liberales, guardando entre sus cañones la despectiva mirada de las víctimas, como un eterno torcedor para las almas de los victimarios; quede a estos su hambre chacalesca mordiéndoles las entrañas y fingiéndoles liberales amarrados por los brazos y el cuello marchando serenos a rendir a su causa el holocausto de la sangre de sus venas, quede a carceleros de torva mirada y corazón de acero, el infernal deseo, la criminal esperanza de poner en práctica sus suplicios reformados, mientras la juventud liberal, taja la pluma y pule la frase que hablada o escrita, penetrando indolora en el cerebro, lleva la libertad a la conciencia.*



Izquierda a derecha Gral. Víctor M. Salazar, Gral. Alfredo Vásquez Cobo,
 Dr. Eusebio A. Morales, Gral. Benjamín Herrera y Gral. Lucas Caballero.

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         Nada importa que algunos liberales de poca fe, desesperando del triunfo se lancen a la peligrosa aventura de la deserción en busca de nuevo campamento donde no abunden el peligro y la escasez, que en el nuestro abundan; para su nueva táctica, el Liberalismo y su actual jefe cuentan con soldados que pelearán sin ración hasta caer desvanecidos; a el alma de los que siguen combatiendo por la idea liberal, en el campo de la paz, no les arredra el peligro el peligro y les sobra nobleza y poderío para vencer y perdonar a unos y a otros; “El ave canta aunque la rama cruja; como que sabe lo que son sus alas.”*



Niños Guerrilleros en el Tolima- Guerra de los mil días. 

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         Girardot, Noviembre 14 de 1912
                                                       

(LA PLUMA. Serie I, Girardot, Noviembre 17 de 1912,  Editorial)
*N. del C.: La cursiva es de  una compilación amplia sobre hechos históricos de Girardot (CARB).





Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018


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Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018 – GIRARDOT: CEMENTERIO UNIVERSAL, AVENIDA CENTRAL



                                                            Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018



CEMENTERIO UNIVERSAL, AVENIDA CENTRAL




1936. Periódico Horizontes



Bajo un bosque sombrío y precioso que no brinda otra cosa que belleza y recuerdos, está el Cementerio Universal de Girardot, a corta distancia de la ciudad. 

Con una historia que se nos escapa de esta anotación, fue fundado el Cementerio Universal hace algunos años., para dar sepultura allí, a un distinguido ciudadano que le fue negado el Cementerio Católico.

Entre las personas que reposan en aquel lugar, traemos al recuerdo a las siguientes:
Señor General don Santander A. Galofre, señor General don Francisco Albornoz, señor General don José Joaquín Vernaza, señor General don Manuel Rodríguez, señor Coronel don Plutarco G. López, señor Capitán don Francisco Agudelo, señor General don Antonio Morales V., señorita doña  Lucía Albornoz R., señorita doña Gilma Aldana M., señor don Samuel Isaacs, señor don Efraín Isaacs, señor don Luis Tejada, señor don Elías Barrero, señor don José María Urquijo, señor don Clímaco Afanador, señor Coronel don Darío Rincón, señor Coronel don Helí Varón B., señor don Jorge E. Perdomo, señor don Víctor Manuel Sandoval, señor don Guillermo Barrios, señor don Marco A. Labrador, señor don Antenor Rodríguez E., señor don Ambrosio Silva, señor don Miguel Silva, señor don Guillermo López H., señor Capitán don Horencio Henessy.

Además se encuentran también en este mismo lugar, los restos del señor General Suárez Lacroix, que fueron traídos de Cambao.

La belleza que hoy tiene el Cementerio se debe al esfuerzo y al cuidado que por él ha tenido el señor don Francisco Albornoz R. El Cementerio Universal es un jardín precioso, que ofrece grandes encantos y un sitio fresco de agradable reposo.

                                      SANTIAGO PARRA NAVARRO

Girardot, mayo de 1936




Edición Número 21, Girardot, Abril 05 de 2018


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viernes, 30 de marzo de 2018

Edición Número 20, Girardot, Marzo 30 de 2018 – NARIÑO (CUNDINAMARCA): 180 AÑOS DE HISTORIA (1838-MARZO 31 - 2018)


                                                            Edición Número 20, Girardot, Marzo 30 de 2018



NARIÑO: 180 AÑOS DE HISTORIA (1838 - MARZO 31 - 2018)




PLATO VIUDO DE BOCACHICO
PLATO TÍPICO TRADICIONAL
DE SU GASTRONOMÍA



La génesis de lo que comenzó siendo el futuro municipio de Nariño, posiblemente comenzó con el asentamiento de los primeros núcleos de familias de origen español, que tomaron de los aborígenes panches, sus tierras y mano de obra semi esclava. El mestizaje biológico gestó ese probable núcleo humano de cultivadores de maíz y demás productos agrícolas y pecuarios, y pescadores avezados del río Magdalena, recién nombrado por los nuevos amos de lo que luego se llamaría Colombia. Y le dieron o se conoció primitivamente con el nombre de LA ALQUERIA, dentro de la hacienda que tenía mucho que ver con el río Grande de La Magdalena: REMOLINO, tal vez porque en ese estrecho paso, se formaban agitadas olas que ponían en riesgo personas y embarcaciones.

Así que quizás en el siglo XVII, se podía entrever los primeros resultados del mestizaje cuasi obligado entre lo indígena y español en el sitio denominado LA ALQUERIA, que era como se denominaba a este lugar, por los curas de Guataquí y Coello. En temas eclesiásticos, estas dos parroquias tenían esa prerrogativa, que los condujo a enfrentamientos por los diezmos y tributos que cobraban a los  pobladores del futuro Nariño. En lo civil se encontraba adscrito a la ciudad de Tocaima, fundada en 1544, y en lo económico por Ambalema, debido al auge del cultivo del tabaco por las riberas del río Magdalena, que mucho progreso le retornó a la futura Parroquia, cuyo aniversario congrega a muchos cada marzo 31.

Para solucionar el problema del manejo del dinero obtenido por vía eclesiástica, un vecino de Coello propuso crear la parroquia de Remolino, que después pasó a llamarse Nariño, por solicitud de los donantes de tierras SALVADOR CORTÉS, FLORIANO CORTÉS, MARIANO CORTÉS Y JUAN ANDRÉS CABEZAS. Puesto que LA ALQUERIA o REMOLINO era apenas un sitio, un lugar que no estaba conformada por edificaciones importantes, sin templo católico para oficiar misa, sin oficina de Regidor, sin cárcel, prácticamente sin nada, era muy sugestiva la iniciativa de crear la futura parroquia de Remolino.




CASONA DONDE VIVIÓ EL POETA 
EDUARDO CARRANZA FERNÁNDEZ
HACIENDA APAUTA - VEREDA APAUTA



Afortunadamente, como comportamiento altruista de propietarios de tierra amantes de su origen, cuatro ciudadanos donaron el espacio físico necesario para poder crear efectivamente la parroquia. Así que de la escritura firmada en 1833, se dio el paso definitivo el 31 DE MARZO DE 1838, CUANDO POR DECRETO DEL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BOGOTA, PEDRO A. HERRAN, Y SU SECRETARIO, PASTOR OSPINA, SE CREA EL DISTRITO PARROQUIAL DE NARIÑO, EN HOMENAJE AL PRECURSOR DE LA INDEPENDENCIA, DON ANTONIO NARIÑO, HEROE NACIONAL Y PRECURSOR EN NUESTRO PAIS DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE.

La historia económica, política, social y cultural durante el siglo XIX, giró en torno a las diversas bonanzas económicas que conmovieron el cimiento de  la Republica colombiana, como lo fueron el oro, el añil, el tabaco, el desarrollo de la ganadería en grandes haciendas y por último el café, del cual se nutrió el municipio de Nariño a través de la gran arteria fluvial, el río Magdalena. Se convirtió en un gran puerto que conectaba por río y tierra a Girardot, el centro económico regional por excelencia. Esa cercanía se dio a todos los niveles, siendo al día de hoy tan o más cercana que hace casi dos siglos.

A la generación de riqueza en cada una de las bonanzas mencionadas,  se sumó la inmigración de población del interior del país, como la boyacense, huilense y bogotana. Aportaron biología, maneras y formas de ver, de interactuar, gastronomía e iniciativas en el tema agro productivo. Nariño sirvió de experiencia para que se publicara el único libro que sobre la producción del tabaco se escribiera en la provincia del alto magdalena en Cundinamarca y Tolima.




CALABAZO DE TOTUMO TÍPICO INSTRUMENTO 
DE TRABAJO DE LOS
CULTIVADORES DE MAÍZ



A medida que Girardot, Ciudad de las acacias, crecía y se desarrollaba, creando nuevos servicios y avances técnicos, Nariño se beneficiaba por su cercanía, en todos los ámbitos: energía eléctrica, la carretera antigua y las nuevas, el transporte de carga y pasajeros, servicios médicos, bancarios, educativos, comunicaciones. Ayer como hoy es de suma importancia esa cercanía para continuar en la brega de articular proyectos que beneficien a las partes.

De la misma manera ocurrió con el vecino municipio de Guataquí, durante muchos más siglos. Parece ser que el control de las rentas eclesiásticas produjo la feliz iniciativa de crear la Parroquia de Nariño. El beneficiado fue Nariño como municipio, pues las rentas y la nueva importancia administrativa y política, le dieron aire de desarrollo, por supuesto con todas las dificultades que representó la lucha por los terrenos primigenios de los generosos donantes de principios del siglo XIX.

La relación con el municipio de Guataquí ha sido importante a través de su existencia, pues la historia nos señala la relevancia que tuvo durante siglos, dado que en primer lugar la vida rural en las veredas de la parte alta resulta altamente articulada en la producción de un producto milenario, como quiera que es el mejor de los cereales: EL MAÍZ. Este artículo agrícola ha sido el motor de la economía en la región del alto magdalena desde hace mil años por lo menos. En segundo lugar, su larga historia generó con el municipio de Nariño, una convivencia que va más allá de lo puramente económico; los nariñenses tienen lazos de sangre muy fuertes con “la tierra de la labranza del cerro largo”, como se deduce de una de sus traducciones del idioma panche.




MURAL CASA VIVIENDA 
SECTOR URBANO DE NARIÑO



El municipio de Coello, también por la importancia económica que tuvo durante siglos el valle del magdalena en su conexión con la ciudad de Ibagué, ha dejado su impronta. La comunicación a través de la vereda Garbanzal con el Corregimiento de la Vega de los Padres, se dio por la importancia económica, religiosa y eclesiástica de esa antigua hacienda jesuita, un emporio de riqueza durante siglos. Hoy ese valle se encuentra distribuido en diversas propiedades.

No se puede dejar de señalar la importancia máxima del río, el Río Grande de La Magdalena, pues sin el quizás nada de lo que tenemos existiría. La Providencia ubicó este poblado al lado del gran río de la patria, para hacerlo grande y generoso.

Hace 85 años, es decir, en 1933, la Cámara de Comercio de Girardot, contribuyó a organizar y se vinculó de manera importante a la celebración de los 100 años de haberse firmado la escritura que dio vida física real al caserío, que cinco años más tarde sería Distrito Parroquial.

Hoy, innumerables ciudadanos nariñenses y amigos están de plácemes por un nuevo aniversario, que celebra con alegría y jolgorio, sin olvidar la difícil situación por la que atraviesa el municipio, la región y el país. De manera particular el cambio climático nos juega una mala pasada, dejando la incertidumbre de los trabajadores del campo en el quehacer administrativo. Nuevos retos se enfrentan, pero se sabe y conoce la importancia del trabajo tesonero, de la necesidad de profundizar en la educación para que el día de mañana podamos aportar generosas iniciativas a nuestro pueblo, de ser emprendedores para encontrar el éxito, disminuir la pobreza y ser cada día mejores.

Hoy como ayer, la alegría ilumina los corazones de quienes aman a Nariño, por lo que los nuevos retos deberán convertirse en regeneración de la mano con el trabajo, la cultura, la salud, el deporte, la educación y la historia. Luchar denodadamente por encontrar soluciones con todos aquellos que desean ver al municipio mucho mejor que ayer, es la disyuntiva.




PREPARACIÓN DEL PLATO 
VIUDO DE BOCACHICO
UTILIZANDO LEÑA



Edición Número 20, Girardot, Marzo 30 de 2018

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martes, 20 de marzo de 2018

Edición Número 19, Girardot, Marzo 20 de 2018 – GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: DESDE PARÍS CON AMOR




                                                            Edición Número 19, Girardot, Marzo 20 de 2018



GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Aracataca, 6 de marzo de 1927-Ciudad de México, 14 de abril de 2014)



http://img.soy-chile.cl/Fotos/2014/04/17/file_20140417174339.JPG


<<Tantas cosas se han dicho y continuarán diciéndose. Es uno de los colombianos más famosos en la historia de este país. Como los grandes hombres, resumió y resume con su experiencia vital y su obra escrita, un universo, un país, una sociedad y una esperanza. Así será por un buen número de años, hasta cuando solucionemos lo que es menester.

Obra que según eruditos contiene 11 novelas, 12 libros de cuentos, 22 libros de no ficción, 10 guiones de teatro, cine y televisión, un libro de memorias, probablemente documentos encontrados a deshora para los saldos; sin duda lo más chévere, placentero, es que no pasa de moda, y aquí simplemente las futuras generaciones tendrán la palabra: qué tan universal será, dentro de 200 años, por ejemplo, el aporte de García Márquez al acerbo literario del mundo conocido, sería una de las preguntas de alguien en torno a su legado. O a la manera de Cortázar, dentro de mil años probablemente mi apellido y si no lo encuentran, el título de alguna publicación de las que se salvaron del olvido, seré un pie de página de un estudioso de la historia.

Si se perdiera, habría que inventarlo de nuevo. Disfrutemos sus escritos, su genialidad. >>

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DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ (DERECHOS RESERVADOS)

DESDE PARÍS CON AMOR


Vine a París por primera vez una helada noche de diciembre de 1955. Llegué en el tren de Roma  a una estación adornada con luces de Navidad y lo primero que me llamó la atención fueron las parejas de enamorados que se besaban por todas partes. En el tren, en el metro, en los cafés, en los ascensores, la primera generación después de la guerra se lanzaba con todas sus energías al consumo público del amor. Que era todavía el único placer barato después del desastre. Se besaban en plena calle, sin preocuparse de no estorbar a los peatones, que se apartaban sin mirarlos, ni hacerles caso, como ocurre con esos perros callejeros de nuestros pueblos que se quedan colgados los unos de las otras haciendo cachorros en mitad de la plaza. Aquellos besos de intemperie no eran frecuentes en Roma-que era la primera ciudad europea donde yo había vivido- ni tampoco, por supuesto, en la brumosa y pudibunda Bogotá de aquellos tiempos donde era difícil besarse aun en los dormitorios.

Eran los tiempos oscuros de la guerra de Argelia, al fondo de las músicas nostálgicas de los acordeones en las esquinas, más allá del olor callejero de las castañas asadas en los braseros, la represión era un fantasma insaciable. De pronto, la policía bloqueaba la salida de un café o de uno de los bares de árabes del Boulevard Saint Michel y se llevaban a golpes a todo el que no tenía cara de cristiano. Uno de ellos, sin remedio, era yo. No valían explicaciones: no sólo la cara sino también el acento con que hablábamos el francés eran motivos de perdición. La primera vez que me metieron en la jaula de los argelinos, en la Comisaría de Saint Germain después, me sentí humillado. Era un perjuicio latinoamericano: la cárcel era entonces una vergüenza, porque de niños no teníamos una distinción muy clara entre las razones políticas y las comunes, y nuestros adultos conservadores se encargaban de inculcarnos y mantenernos la confusión. Mi situación era todavía más peligrosa, porque si bien los policías me arrastraban porque me reían argelino, estos desconfiaban de mí dentro de la jaula cuando se daban cuenta de que a pesar de mi cara de vendedor de telas a domicilio no entendía ni la jota de sus algarabías. Sin embargo, tanto ellos como yo seguimos siendo visitantes tan asiduos de las comisarías nocturnas, que terminamos por entendernos. Una noche, uno de ellos me dijo que para ser preso inocente era mejor serlo culpable,  y me puso a trabajar para el Frente de Liberación Nacional de Argelia. Era el médico Amed Tebbal, que por aquellos tiempos fue de mis grandes amigos en París, pero que murió de una muerte distinta de la guerra después de la independencia de su país. Veinticinco años después, cuando fui invitado a las fiestas de aquel aniversario en Argel, declaré a un periodista algo que pareció difícil de creer: la revolución argelina es la única por la cual he estado preso.


(El Gabo Parisino)




Sin embargo, el París de entonces no era sólo el de la guerra de Argelia. Era también el del exilio más generalizado que ha tenido la América Latina en mucho tiempo. En efecto, Juan Domingo Perón -que entonces no era el mismo e los años siguientes- estaba en el poder en la Argentina, el general Odría estaba en el Perú, el general Rojas Pinilla estaba en Colombia, el general Pérez Jiménez estaba en Venezuela, el general Anastasio Somoza estaba en Nicaragua, el general Rafael Leonidas Trujillo estaba en Santo Domingo, el general Fulgencio Batista estaba en Cuba. Éramos tantos los fugitivos, de tantos patriarcas simultáneos, que el poeta Nicolás Guillén se asomaba todas las madrugadas a su balcón del hotel Grand Saint Michel, en la calle Cujas, y gritaba en castellano las noticias de América Latina que acababa de leer en los periódicos. Una madrugada gritó: “Se cayó el hombre”. El que se había caído era sólo uno, por supuesto, pero todos nos despertamos ilusionados con la idea de que el caído fuera el de nuestro país.

Cuando llegué a París, yo no era más que un caribe crudo. Lo que más le agradezco a esta ciudad con la cual tengo tantos pleitos viejos, es que me hubiera dado una perspectiva nueva y resuelta de la América Latina. La visión de conjunto que no teníamos en ninguno de nuestros países se volvía muy clara aquí, en torno de una mesa de café y uno terminaba por darse cuenta de que a pesar de ser de distintos países todos éramos tripulantes de un mismo barco. Era posible hacer un viaje por todo el continente y encontrarse con sus escritores, con sus artistas, con sus políticos en desgracia o en ciernes, con solo hacer un recorrido por los cafetines populosos, de Saint Germain Des Pres. Algunos no llegaban como me ocurrió con  Julio Cortázar – a quien ya admiraba por su hermosos cuentos de Bestiario- y a quien esperé durante casi un año en el Old Navy donde alguien me había dicho que solía ir. Unos 15 años después lo encontré por fin, también en París, y era todavía como lo imaginaba desde mucho antes: el hombre más alto del mundo, que nunca se decidió a envejecer. La copia fiel de aquel latinoamericano inolvidable que en uno de sus cuentos del Otro cielo gustaba de ir en los amaneceres brumosos a ver las ejecuciones en la guillotina.

Las canciones de Brassens se respiraban en el aire. La bella Tachina Quintana, una vasca voluntariosa a quien los latinoamericanos de todas partes habíamos convertido en una exiliada de las nuestras, realizaba el milagro de hacer una suculenta paella para diez en un reverbero de alcohol. Paul Coulaud, otro de nuestros franceses conversos, había encontrado un nombre, para aquella vida: la Misere Doree. La Miseria Dorada. Yo no había tenido una conciencia muy clara de mi situación hasta una noche en que me encontré de pronto por los lados del jardín del Luxemburgo sin haber comido ni una castaña durante todo el día y sin lugar dónde dormir. Estuve merodeando largas horas por los boulevares, con la esperanza de que pasara la patrulla que se llevaba a los árabes para que me llevara a mí también a dormir en una jaula cálida, pero por más que la busqué no pude encontrarla. Al amanecer, cuando los palacios del Sena empezaron a perfilarse entre la niebla espesa, me dirigí hacia la “cité” con pasos largos y decididos,  y con una cara de obrero honrado que acababa de levantarse para ir a su fábrica. Cuando atravesaba el puente de Saint Michel sentí que no estaba solo entre la niebla, porque alcancé a percibir los pasos nítidos de alguien, que se acercaba en sentido contrario. Lo vi perfilarse en la niebla, por la misma acera y con el mismo ritmo que yo, y vi muy cerca su chaqueta escocesa de cuadros rojos y negros, y en el instante en que nos cruzamos en medio del puente vi su cabello alborotado, su bigote de turco, su semblante triste de hambres atrasadas y mal dormir, y vi sus ojos anegados de lágrimas. Se me heló el corazón, porque aquel hombre parecía ser yo mismo que ya venía de regreso.


1937. Torre Eiffel

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Ese es mi recuerdo más intenso de aquellos tiempos y lo he evocado con más fuerza que nunca ahora que he vuelto a París de regreso de Estocolmo. La ciudad no ha cambiado desde entonces. En 1968, cuando me trajo la curiosidad de ver qué había pasado después de la maravillosa explosión de mayo, encontré que los enamorados no se besaban en público, y habían repuesto los adoquines en las calles, y habían borrado los letreros más bellos que se escribieron jamás en las paredes: la imaginación al poder, debajo del pavimento esta la playa, amaos los unos encima de los otros. Ayer, después de recorrer los sitios que alguna vez fueron míos, sólo pude percibir una novedad: unos hombres del municipio vestidos de verde, que recorren las calles en motocicletas verdes y llevan unas manos mecánicas de exploradores siderales para recoger en la calle la caca de un millón de perros cautivos expulsan cada 24 horas en la ciudad más bella del mundo.


(Tomado de EL GABO PARISINO/BOGOTÁ, ABRIL 2017 N° 1/ 30° FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BOGOTÁ)





Edición Número 19, Girardot, Marzo 20 de 2018

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